Bosquejo de una dama de muchos méritos

Aquí de Antandra, pastores,
pero no me socorráis,
que en quien muere tan dichoso
es grosera la piedad.

Si os admira ver que vivo,
medid con una deidad
la muerte que nace de ella;
veréis la muerte inmortal.

Mi pluma os dirá su riesgo.
¡Oh qué tarde os le dirá!
Adonde más que el aviso
sabe el golpe madrugar.

Valentía en el donaire,
despejo con gravedad,
la vista dé – mueran luego-,
el gusto dé – vivan más-.

Los ojos que por valientes
dicen con dulce ademán,
todos los pares de Francia
se rindieron a este par.

Dos albas sus manos son,
pues fuera infelicidad
en esfera de dos soles
haber un alba no más.

Hiere tan sutil su ingenio
como si antes el mirar
dejase vida a las voces
de un encanto celestial.

Esta es la copia de Antandra;
líbreme el cielo del mar,
que menos osadas plumas
su venganza fueron ya.


Poema Bosquejo de una dama de muchos méritos - Gabriel Bocángel