A una dama que, queriendo ser tercera de otra, enamoró a un hombre

Bien el corazón, señora,
mi cuidado le dijo
que andaba por ser mi muerte
quien me sirvió de peligro.

Quiero estimaros, mi riesgo,
el primer agradecido,
que el beneficio agradece
si es la muerte el beneficio.

Quisisteis en otros ojos
ensayarme de rendido;
quien para vos los amaba
mereciera en el delito.

Si acaso unir procurasteis
dos corazones distintos,
ya os acusan los efectos
de alevosa en tal oficio.

En ajenas perfecciones
me habéis, cual áspid, herido,
que, oculto en nube de rosas,
vierte secretos hechizos.

Seguro, por vos expuse
el pecho a fáciles tiros;
que vive seguro en otros
quien nace a daños divinos.

Permitirme vos el pecho
a incendio menos activo
os dirán que ha sido riesgo,
pero yo le llamo arbitrio.

Quien os miró mal pudiera
durar, si no es que el martirio,
por dulce, dejase al pecho
con presunciones de vivo.

Última siempre experiencia
seréis de nuestros sentidos,
y en la esfera de los necios
sólo no tendréis cautivos.


Poema A una dama que, queriendo ser tercera de otra, enamoró a un hombre - A Isa Ahmad ibn Muhammad ibn Qadim