A una señora dama de palacio, un día que salió en la procesión de las palmas

Salió dividido el sol
en dos azules estrellas;
y, contra la ley del día,
se vio un oriente en dos puertas.

Otras luces se adelantan,
mas, en fe de mal opuestas,
con sobornos de inferiores
compraron fama de apuestas.

Hanme dicho que la pinte
los que no pudieron verla,
que a los demás en cenizas
informó de su belleza.

Tan blanca hermosura anima
que, engañada ya la abeja,
busca en su rostro las flores
que ha conocido en las selvas.

En la fuerza de sus ojos,
a pesar de desatenta,
iba cobrando el descuido.
trofeos de diligencia.

Aunque muchas la acompañan,
va sola; y, aunque se queda
después que pasaron otras,
dicen que va la primera.

Cuantas palmas se adelantan
su ardiente victoria ostentan,
y van llevando los triunfos
que ha ganado su belleza.

Ninguno a sus manos fíe
el remedio de sus flechas,
porque espira entre sus manos
cuanto en sus ojos enferma.

En su boca breve y grave
risueño el clavel impera
los vasallos más en orden,
cabal población de perlas.

En luces de ardiente nácar
su tez la rosa desprecia,
donde la nieve, no a copos,
a mariposas se quema.

El candor de sus mejillas
más que la púrpura reina,
porque la color quebrada
se llama hermosura entera.

Este atrevido dibujo
hizo a su beldad ofensa,
en un disanto a quien daba
altivas señas de fiesta.


Poema A una señora dama de palacio, un día que salió en la procesión de las palmas - Gabriel Bocángel