A una señora muy hermosa

No lo consiente firmeza
ni lo sufre la piedad:
combida con la belleza
y despedir con la bondad.

Como los descaminados
siguen a tino de lumbre,
así ban los livertados
a vos dar su servidumbre;
y apenas vuestra belleza
les ha dicho: &quotReposad”,
cuando les dice nobleza:
&quotAndad, amigos, andad.”


Poema A una señora muy hermosa - Antón de Montoro