Madrigales a una señora

1

En un contino llanto
hasta acabar la vida,
¿quién no murió de ver vuestra partida?

Y es muy poca señal de mal tan fuerte
tal pérdida llorada,
pues con el postrer daño, que es la muerte,
aun no fuera igualada.

Sólo puede igualarle mi quedada,
pues siendo vos partida,
quedé yo sin el alma y sin la vida.

2

En el tiempo, señora, que encubría
lo que publico agora,
no tuve de descanso sola un hora.
Lo que sentía me forzó a quejarme,
y quedo más quejoso,
porque lo que busqué para aliviarme
me da menos reposo;
y pues todo camino es tan dañoso,
yo tomo por mejor
dejarme en vuestra mano y la de Amor.

Epitafio puesto en un retrato de una señora

El que ensalzar procura su sentido
y de toda bajeza libre verse,
el que más sin remedio está perdido
y cobrarse quisiere con perderse,
y el que busca el deseo bien cumplido
y extremo que no pueda merecerse,
de gracia, de valor y hermosura
reposen, en mirando esta figura.


Poema Madrigales a una señora - Hernando de Acuña