Retrato de una dama que, por bella y entendida, se equivocaba lo insigne

Anarda va de retrato;
no es valor, sino licencia,
que de plumas de tus alas
se arme un pincel que te ofenda.

Así el águila, que el sol
escala al viento, desprecia
plumas que las flechas vistan,
porque ha de burlar las flechas.

Es natural su hermosura,
mas tanto el milagro ostenta
que nos muestra milagrosa
la misma naturaleza.

En su rostro a luces tantas
el jazmín templado anhela,
que ya la nieve alevosa
de otro elemento se precia.

En sus cabellos sutiles
retrató sus agudezas;
los cabellos imagina
y los pensamientos peina.

En la que llaman nariz
pincel natural ostenta
los primores de quien sabe,
con venturas de que acierta.

Hace su cuello al cristal
nuevo linaje de ofensa;
a competencias le admite
y a victorias le desprecia.

Para dibujar sus manos,
no halló caudal la azucena,
porque se vino al examen
aun sin vanidad de apuesta.

Su ingenio, mayor que rayo,
vive en su divina esfera,
pues con prodigios avisa
y sin estruendos penetra.

Desde que escuchó su canto,
dice la admirada aldea
que no canta, mas porfía,
ya el ruiseñor en las selvas.

Robó su ingenio y su gala
el mayorazgo a las feas,
a tiempo que a las hermosas
quitó el tributo de necias.

Ésta quiso ser la copia,
zagales, de una belleza
que hizo de mis osadías
lo que el sol de las estrellas.


Poema Retrato de una dama que, por bella y entendida, se equivocaba lo insigne - Gabriel Bocángel