Yo gruñir, él regañar

Cuando me casó mi madre
me casó con un pastor
chiquito y jorobado,
hecho de mala fación.
No me dejaba ir a misa,
tampoco a la procesión,
quiere que me esté en su casa
remendándole el zurrón.
Yo gruñir, él regañar,
no se lo tengo de remendar.
Me quitó mis lindas joyas,
me puso su zamarrón,
me mandó con las ovejas
como si fuera un pastor.
Por la noche, cuando vine,
las ovejas me contó;
tres ovejas me faltaban,
tres zurritas me pegó.
Yo gruñir, él regañar,
no se las tengo de ir a buscar.
Me mandó hacer unas sopas,
la necesario faltó;
el agua estaba en Jarama,
y el puchero en Alcorcón,
el aceite en el Alcarria,
y los ojos en Chinchón,
el pan en tierra de Campos,
y la sal allá en Imón.
Yo gruñir, él regañar,
no se las tengo de recalar.


Poema Yo gruñir, él regañar - Romancero tradicionales