Xiii (vegetaciones)

El amanecer me encuentra caminando por calles donde mi infancia se
Precipitaba sorprendida por el mas infinito de los sueños.
La claridad se ha dado en todas partes con la misma ansiedad que un temblor
Equivocado anuncia su presencia.
Las tiendas, los almacenes no han abierto y en los alrededores de la iglesia la
Gente sacude sus cosas, barre su pedacito de vida para iniciar las ventas del día.
Hablan entre ellos y el tiempo se reduce a conversaciones que se aferran a lo
Cotidiano de frases inconscientemente contemplativas.
El sentido de la vida se fragmenta en la intensidad de todo aquello que se repite
Indolente como la indiferencia de los niños que han dejado de entrever la luz
Primigenia con que van creciendo.
Entro al mercado y como un follaje de sensaciones emigradas del olvido, se
Agitan olores de especias, de flores y verduras recién llegadas de los cantones, de
Frutas de sabores imposibles. El olor del agua retenida en depósitos de basura, la
Acritud del orín de perros callejeros.
Recorro los puestos de carne: figuraciones de vísceras y muslos, comiderías
Donde mi madre cocinaba para la gente venida de lejos, mientras nosotros
Recogíamos los desechos del día anterior.
Me duelen estas vidas que por años han ignorado la dignidad con que se nace.
Sentimiento oscuro en el rostro de una imaginación que se obstina en mantener
El paisaje de madrugadas pasadas.
Todo esto invade mi interior con esa dulzura inútil que deja el recuerdo de los
Muertos. Pese a todo les ofrezco un abrazo ancho y humano como una oración
Dicha por una multitud.



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Poema Xiii (vegetaciones) - Reyes Gilberto Arévalo