La bacanal (sonetos del vii al xiii)

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Cien brutos de otro carro van tirando:
Es un lagar de áureos racimos lleno,
Que están, al son de un canto de Sileno,
Enardecidos sátiros pisando.

Al brusco ritmo con que van bailando,
La uva derrama su jugoso seno,
Y fingen sordo resonar de trueno
Los duros pies el suelo golpeando.

Copas de plata el chorro desprendido
Reciben en sus fondos deslumbrantes,
Cual si el nácar hubiéralos bruñido.

Trasiéganlas las turbas delirantes,
Y el carro lleva a su espaldar uncido
Un reguero de lúbricas bacantes.

8

De la profusa bacanal liviana
Avanza otro vehículo asombroso
Bajo un odre gigante y portentoso
Que de leopardas pieles se engalana.

Sobre su inmensa cima soberana,
Como en hombros de homérico coloso,
En montón hacinado y prodigioso
Junta sus artes la ciudad romana.

Jarros, trípodes, vasos a porfía,
Bajo relieves de cincel divino,
Asombran la exaltada fantasía.

Y a lo largo llevadas del camino,
Al par que derramando la alegría,
Van vertiendo las cráteras el vino.

9

Sigue un cuadro de gracia y de belleza:
Niños vestidos de ideal blancura
Muestran ceñidas en la frente pura
Coronas que tejió Naturaleza.

Sobre un carro cargado de riqueza
Vierte una gruta esencias y frescura,
Y hay un coro de ninfas que asegura
Verde laurel a la gentil cabeza.

Dos fuentes de las peñas se desmandan
Entre ramajes y aromadas pomas,
Y leche y vino en sus raudales mandan.

Ungen el aire asiáticos aromas,
Y por cima del carro se desbandan
Espirales de espléndidas palomas.

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Dos cazadores con venablos de oro,
De numerosos perros circundados,
Que Hircania regaló en sus collados
Para ornamento del festín sonoro,

Van escuchando el encendido coro
De entusiásticos himnos, dedicados
Al dios que lleva a su poder atados
Tanto regio esplendor, tanto tesoro.

Arboles de magnífico follaje
Ponen dosel de agreste poesía
Al cuadro halagador con su ramaje.

Y en sus hojas estalla la armonía
De cien aves de espléndido plumaje
Que en bellas jaulas regaló Etiopía.

11

Siguen el lento paso torvas fieras
De hirsuta piel en tintas salpicadas,
Elefantes de trompas enroscadas,
Las de diente voraz rubias panteras.

Con lanas como blondas cabelleras
Van las llamas de formas delicadas,
Y las alas de armiño inmaculadas
Abren los cisnes como dos banderas.

Aguilas de pupila rutilante,
De duras garras y de corvo pico,
Nobleza prestan al festín brillante.

Y el pavo real, de tornasoles rico,
Desata la baraja deslumbrante
De las plumas sin fin de su abanico.

12

Cierra la marcha, espléndido y grandioso,
Un grupo de cien carros resonantes,
Donde avestruces, ciervos y elefantes,
Pasan en un desfile esplendoroso.

Baco, en medio, deslumbra victorioso
Coronado de pámpanas flotantes,
Entre sabias ciudades que triunfantes
Simbolizó el artista prodigioso.

El vino en copas cinceladas prueban
Sátiros que, beodos, van saltando
Y a las bacantes lúbricas sublevan.

Y esclavos rudos a compás danzando,
Ébano en troncos colosales llevan
Sobre los recios hombros descansando.

13

Y entre esa orgía de placer profundo,
Pasmo y asombro del cerebro humano,
Que atraviesa en desfile soberano
Con su tropel de carros rubicundo;

Entre ese delirar vivo y jocundo
Río que corre al lóbrego Océano
Donde revueltas en su estruendo vano
Van a morir las glorias de este mundo,

La antigua sociedad, roto su cielo,
Siente que en su espaldas se desploma,
Y herida pliega el vacilante vuelo.

Borra el festín su embriagador aroma,
Se apagan las antorchas, tiembla el suelo,
¡se abre el abismo y se sepulta Roma!


Poema La bacanal (sonetos del vii al xiii) - Salvador Rueda