Un hombre como tú.
Con la espalda seca
y el corazón flotado,
rescatado.
Como tú. Mirada de agua
y un incendio:
el corazón, en llamas.
Llamar a tu puerta.
Un hombre como tú.
Con tu suave calor de palmas
y olor de orégano
a veces, sobre la ropa.
Como tú. Fresca la boca
y ardiente el deseo
entre las piernas.
Abrir tu ventana.
Ver el mar sin luna
— de noche–.
Un hombre como tú.
Amanecido, en mi alma.