Sonetos nocturnos ii

Ninguna soledad como la mía.
Lo tuve todo y no me queda nada.
Virgen María, dame tu mirada
Para que pueda enderezar mi guía.

Ya no tengo en los ojos sino un día
Con la vegetación apuñalada.
Ya no me oigas llorar por la llorada
Soledad en que estoy, Virgen María.

Dame a beber del agua sustanciosa
Que en cada sorbo tiene de la rosa
Y de la estrella aroma y alhajero.

Múdame las palabras, ven primero
Que la noche se encienda y silenciosa
Me pondrás en las manos un lucero.



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Poema Sonetos nocturnos ii - Carlos Pellicer