Silvia, dos arcos te ha dado

Silvia, dos arcos te ha dado
Para tus cejas Cupido,
De ébano son (no bruñido
Dices tú, sino aserrado);
Mas ni el marfil transformado
En el honor de tu frente
Recibe sombra indecente,
Ni el de las pestañas graves
Turba en tus ojos suüaves
La serenidad luciente.

Antes sus flechas envía
Con esos arcos Amor,
Y el vecino resplandor
Es su aljaba o su armería.
En ellos la diestra impía.
De rendir no satisfecha,
Las puntas de oro pertrecha
De cierto rigor tan vivo,
Que es ya un rayo vengativo
El cuento de cada flecha.

Ese casto ardor sereno,
Que el alma en tus ojos puso,
Hierve en las flechas infuso,
De clemencia y de ira lleno;
Que ambas fuerzas desde el seno
Tu ardiente luz les inspira,
Cuando a su instancia las mira,
Para que obre más estragos
La clemencia con halagos
Que con desdenes la ira.

Que el golpe de un desdén claro,
Aunque atormente, no injuria,
Pues no es descortés la furia
Que nos previene al reparo.
Mas ¿quién prevendrá un tan raro
Género de rendimiento,
Si lo advierte el mismo acento
Que halaga con la bonanza,
Animando la esperanza
Con mengua del sufrimiento?

Así el favor nos oprime,
Silvia, en tu vista risueña
Más que cuando nos desdeña
Desde su altivez sublime.
¿Quién no yace, o quién no gime
A tu libre condición?
Tragedia es y adulación,
Que, en fe de sí misma, atiende
A la crueldad, que pretende
Que la llamemos razón.

Di que es crueldad; no la dores;
Que la razón no ha de hacer
Ministro al mismo placer
Del mayor de los rigores.
Como áspid entre las flores,
Nos da la muerte escondida,
Para que asalte la vida,
Cuando en tu gracia inhumana
Se entretiene más ufana
Y menos apercebida.

Silvia, no más; considera
Si es bien que luego comiences
A conservar lo que vences,
Porque tu gloria no muera.
Caiga la piedad severa,
Con que ha tanto que fulminas
Desde esas luces divinas;
Que no es gloriosa vitoria
La que encomienda su gloria
Al horror de unas rüinas.


Poema Silvia, dos arcos te ha dado - Bartolomé Leonardo de Argensola