Cuán dado, mi dios te diste

¡Cuán dado, mi Dios te diste,
Pues, por darte al alma amada,
La aleve y desmesurada
Llegar a ti permitiste,
Con bondad no imaginada!

La sagrada Comunión
Recibiendo cada día,
Siete veces la escondía,
Y con perversa traición
A un moro infiel te vendía.

El cual un escudo daba
Por ti, en que eras apreciado,
Y para hechizos comprado;
Que para ellos no ignoraba
Ser tú, mi gloria, apropiado.

Pero, ¿cómo no entendió
El infamísimo avaro,
Si riqueza pretendió,
Que tesoro inmenso dio
Vendido en sólo un ducado?

¡Tan barato te vendía,
Mi bien, estando yo aquí!
¡Ay, si me encontrara a mí,
Y diérale, sin porfía,
Hacienda y vida por Ti!

Quien te vendió me lastima,
Y también quien te compró,
Pues ninguno conoció
El gran respeto y estima
Que a tu persona debió.

¡Oh hechizos! cuán venturosa
Fue el alma a quien hechizastes!
Decidme, ¿no la dejastes
Hecha una celestial diosa,
Si a dicha en gracia la hallastes?

Que si así fue, empíreo cielo
Vuelta, sin duda, quedó,
Mientras en sí os poseyó;
Que el no pensado consuelo
Y eterna vida se halló.

En fin, hechizos se hicieron,
Con que bien enhechizado
De amor quedó el que ha tomado
Tales hechizos, pues fueron
Hechos del Verbo encarnado.

Que, en hechizos, yo no dudo,
Hostia sacra, que ese amor
Hechice con tal primor,
Que ni supo Dios ni pudo
Hacer hechizo mejor.


Poema Cuán dado, mi dios te diste - Luisa De Carvajal y Mendoza