Revelación

Sintió la Voz y quiso lanzarse hacia el camino
Pero le retuvieron sus pocas pertenencias.
“Tal vez mañana – dijo – seré un buen peregrino,
Hoy me siento muy joven para tantas ausencias”.
Y así enclaustró su cielo, así fundó su casa
Y transformó en cenizas sus más pródigos años,
Siempre evadiendo el humo de aquella oculta brasa
Con cada advenimiento de un nuevo cumpleaños.

Crecieron sus amarras en una trenza lenta
Y vino a echar el ancla con la mujer que quiso.
Después del tercer hijo, comenzó a darse cuenta
De que había perdido la ruta al paraíso.
Y llegó hasta la margen de su otoño vacío
Con el desasosiego latiéndole en el pecho.
La voz que lo invitaba se hizo un eco tardío
En su ajetreado mundo de adulto insatisfecho.
Por fin, una mañana se sintió tan extraño
Entre todos los bienes que había acumulado
Que decidió echar tierra sobre su desengaño
Y acatar el mandato del antiguo llamado.
Y resuelto a su meta, de un violento portazo
Conmovió los cimientos de su historia aburrida:
Se marchó de su casa renunciando al fracaso
Plantado en la maceta de su insípida vida.
Pero sólo un silencio de penumbra y de espino
Respondió a su presencia. Descubrió que era tarde.
Y dándole de nuevo la espalda a aquel camino
Y amargo ante la suerte de su propio destino,
Lloró, mirando al cielo, con ojos de cobarde.



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Poema Revelación - Jorge Antonio Dore