Oda sÉptima

Se abre sobre el charco
Una inmensa margarita sonora,
Una noche busca otra noche
Para unirse en cadena de maldiciones,
-se abren de pronto, puertas,
Simultáneamente, mostrando
La vacía amargura doméstica,-
Ojos duros de gato fosforando en lo oscuro
Una curiosidad prohibida,
Estatuas repetidas que lava
Una lluvia blanca de odio congelado,
Buitres picando carne humana
En el mercado, sanguijuelas hinchadas
Con sangre de vencido,
Fronda de nada venenosas,
Follaje de cuchillos
Sobre duras estepas, usina
De demencia establecida,
Noches de hueco grande
En donde las lechuzas
Giran rápidamente la cabeza,
Caníbales honestos de ojo triste,
Bocas de hambre amarga
Que comulgan con el pan de la muerte,
De sus huesos huye la alegría
Como una liebre,
El sol pleno y piadoso
Invita a dejar sobre el lienzo
Blanquísimo de la casta verdad,
Los afilados instrumentos orales
De las viudas del aire,
Los frutos dorados de la vida
A sonreír invitan
A heladas muecas sin ventanas
De envidia taciturna.


Poema Oda sÉptima - Orfila Bardesio