Cartas desde bonampak

Para Balam, mi hijo

I

Llueve.
Llueve desde hace días.

Hoy desperté con una sensación de tibia soledad.

Desde mi hamaca escucho el chasquido parejo de la lluvia.

Días atrás los chicleros mataron un gran tigre:
me dolió, pero me gustaría llevarme la piel para que
en ella duermas.

Ayer salí a caminar bajo la lluvia en ruinas:
un día estaremos juntos paseando entre estos árboles,
contemplando estas piedras.

La lluvia hace sentir un aire tembloroso que llega
hasta los huesos
y se va por segundos
y regresa
más callado que antes todavía.

Doy gracias a la lluvia. Gracias a la mañana que avanza con paso sigiloso. Gracias al jaguar que dejó su huella sobre la tierra blanda de la selva. Gracias a mi hamaca compañera, al cielo desatado, a mi memoria niña de siete meses que arranca desde tu primer día.

II

Viene la noche pariendo niebla
Soplando lenguas de líquido dolor

Viene la lluvia pasos de tigrillo
Viene la noche tapir ciego
Viene el hambre puma grande
Viene mi hijo sonrisa de la selva
Fruto silvestre Tempestad de alegría

Mi hijo viene guacamaya

Viene mi hijo quetzal
Viene el tigre niño
Viene Balam Balam Balam

Se alegra y se retira la noche nauyaca

Atrás viene la gran Luna
con pasos de tortuga.


Poema Cartas desde bonampak - Efraín Bartolomé