Letrilla xxiv

El arroyo
Arroyuelo manso,
Raudal cristalino,
¡oh cuánto me agrada
Tu inquieto bullicio!
Tú riegas las flores
Del borde florido,
Que en cambio te ofrecen
Perfume el más rico;
El prado paseas
Con sutiles giros,
Derramando en torno
Tu influjo benigno…
Mas yo de tus dichas
Sólo triste envidio
El ver sin cadenas
Tu libre albedrío,
Y el que entre mil juegos,
El dulce bien mío,
Imprime en tus aguas
Sus labios divinos.


Poema Letrilla xxiv - Serafín Estébanez Calderón