Media noche. Se inundan las montañas
En la luz de la luna transparente
Que vaga por los valles tristemente
Y cobija, a lo lejos, las cabañas.
Lanzas de plata en el maizal las cañas
Semejan al temblar, nieve el torrente,
Y se cuaja el vapor trágicamente
Del barranco en las lóbregas entrañas. . .
Noche profunda, noche de la selva,
De quimeras poblada y de rumores,
Sumérgenos en ti: que nos envuelva
El rey de tus fantásticos imperios
En la clámide azul de sus vapores
Y en el sagrado horror de sus misterios.