"En el campo me metí
a lidiar con mi deseo;
contra mí mismo peleo:
defiéndame Dios de mí.”
La razón que me endereza
porfía con mi porfía,
pero vuelve todavía
las manos en la cabeza;
y esperar socorro aquí
de ninguno, es devaneo;
pues soy yo con quien peleo,
defiéndame Dios de mí.