El peso de los días

¿Qué hay de vida en este refugio?
Poco, nada: espalda contra espalda:
Una mano se agita, lejos; en el aire
Un relámpago helado, el olor
De un tabaco seco fumado entre varios,
Urgido y trágico testamento
De la Especie.
¿Qué hay de luz sino su reverso,
Lluvia negra y densa sobre el último
Folio de la infancia?
– Por favor,
Dicen, una lengua de cordero
Por el glande de un niño,
Mineros que caven hacia lo otro,
Lo prometido y una y otra vez negado –
¿Qué si no la cicatriz, que duele,
En el centro de una materia
Por siglos y naciones y mares amada?

Una veleta gira y señala el sur:
Desasosiego:
Una abeja lucha desesperada,
Brevemente, en la telaraña, antes
De resignarse; alguien
Levanta la vista
Y mira la vacilante luz
Sobre la línea del horizonte
(La luz
No tardar en desaparecer,
La oscuridad trae preguntas
Que no hallarán respuesta.)
Arriba, remota, una fuerza
Hace caer de los plátanos
Hojas que al contacto con la tierra
Se corrompen, se convierten
En una materia deshonrosa,
Inútil.

¿Quién fue? ¿Quién
De éstos que ahora mismo
Miran con ojos de corderos asustados
La gran lluvia del mundo, matan
O mueren bajo un mismo cielo de antimonio?
¿O fui yo, en un momento de inconsciencia,
De locura, ciego, desesperado?
Hace frío, la noche habla un idioma extranjero,
Una estrella consume su propio combustible
Y se apaga, un árbol crece
En un país hiperbóreo y da un fruto
Inútilmente dulce -.
Está escrito
Todo cuanto debiera llover en este día.
Exactamente eso llueve.

Perdón para quien llega tarde a la oración
Por los ahogados (tal vez
Tenga los pies pequeños y el mundo
Es demasiado grande.) Perdón
Para la que desnuda ante su propia sombra
O no se desnuda a la hora de los relámpagos (tal vez
Haya ruidos dentro de su cabeza,
Cascos de caballos, ciudades a las que la tierra
Se traga.) Perdón
Para el animal que no da más
Y se echa a un paso de la fuente,
Para quien, confundido, grita
A las puertas del infierno
Creyéndolas las puertas del cielo (tal vez
La única brújula sea un remolino,
Un alocado giro de luces y sombras,
Un caótico ascenso y descenso de tambores,
Campanas.)

En plena tormenta, solo.
Arboles sacudidos desde las raíces,
Cables de teléfono que golpean
Contra las ramas.
(Mientras
Camina con dificultad, piensa
En un peñasco arrancado de algún planeta
Girando en lo negro y profundo
Del espacio.)
Hay
Un perro ahogado en el fondo
De una cuneta, un paraguas roto,
Abandonado.
(Cuando
El sol se abra paso a través
De las nubes y el viento deje paso
A la calma, todo para él,
Qué horrible es decirlo, seguir siendo
Viento y lluvia, no
Podrá percibir la progresiva irrupción
De la luz, la lenta llegada
Del buen tiempo, cada paso suyo
Será, como ahora, un paso más
Entre charcos, postes caídos,
Colmados desagües.)


Poema El peso de los días - Carlos Barbarito