Algo de todos los días

En cada paso me acerqué al portón de la muerte.

Me desangré en la carne y vacié los ojos.

Velé el conocimiento, soñé, morí en cada trajín.

Subvertí el orden de mi pecho y alcé vuelo;

Pero me di cuenta que el ojo muerto ya no ve:

La realidad termina imponiéndose a la existencia:

Censura, acosa, embiste, destruye, deshace risas.

¡Si! Su lengua se impone hasta para recordar

El último beso quemante, sudoroso de la carne.

Es difícil comprender esta luz subterránea;

Pero quien muere, ya no necesita hermosos senos.

Aquí, todo ruido es sordo; toda luz, ciega;

Todo sueño, tierra permanente de las sombras.



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Poema Algo de todos los días - André Cruchaga