DespuÉs del merolico

No es el camino de regreso a la infancia.
Apenas los oleajes de luz
al salir de una cantina
a mediodía.
La carne varada.
El antídoto de la risa
para no morir
mientras se mea.
¡¿Mea?!
¿Cuál culpa?
Las piedras en el riñón
y otras lindezas del cuerpo
para admirarse.
¡Ah! las cruzadas, tan estúpidas
las de ahora como las de entonces.
Crecen y se van con un murmullo.
Yo también quise reinar
y compré la ceguera de un ojo
que ahora devoran los puercos.
En la plaza
el merolico se guarda una sonrisa.
Nunca más lo pude ver
entre la gente


Poema DespuÉs del merolico - Eduardo Zambrano