Almendro mío

Mi padre plantó un almendro.
Y dijo que era mío.

Lo vi crecer. Como mi padre a mí.
Asistí emocionado a su primera
floración. En febrero
se atrevió a dar al frío
sus flores. No se helaron.

Hasta el mes de septiembre
en que ya están maduras
las almendras se van acorazando
(piel, cáscara, corteza) en torno al blanco
corazón de su fruto. Grave danza
la de la miel del alma de las cosas.

Robándole algún día a la vendimia,
por fin las recogimos: varas, lonas,
el polvo con sus tigres. Con dos piedras
abrí ceremonioso la primera
almendra mía. La mordí. Era amarga.

No sé bien qué pensar de esta parábola.


Poema Almendro mío - Juan Vicente Piqueras