La mujer de mi padre

La mujer de mi padre, tantos años soñada,
deseada ansiosamente. Anhelada mujer,
aspiración de un hombre de ojos agudos, claros,
horizonte de azules y sinceros parajes.
La mujer de mi padre, en la hora serena
le devuelve la vida a su esposo en los sueños,
habla con él un poco y se divierten juntos
cuando cierran los ojos en una nueva alcoba
y mi padre de nuevo la desea. La desea
como siempre lo hizo en su anhelo logrado,
cuando por vez primera la miró caminar
joven y hermosa, plena, hacia él, absorto.
Porque mi padre sueña con su mujer de nuevo
y mi madre, que es ella la mujer de mi padre,
sueña con él también, cuando bailaban juntos
y un reloj a su espalda ya marcaba las cuatro
de alguna madrugada que bailaba golosa
llena de vida, amándolos. La mujer de mi padre
sonríe mientras duerme porque está con su esposo.
Nadie los interrumpa. Vamos despacio, hermanos,
salgamos silenciosos de su alcoba ensoñada.
Ningún reloj apura su danza interminable.
SUBÍ A LA PIRÁMIDE DEL SOL
Subí a la Pirámide del Sol
Y desde ahí
con los pies bien plantados en la cúspide
miré el horizonte
y los mundos que empiezan más allá
Todo lo que todavía conoceré


Poema La mujer de mi padre - Eduardo Langagne