Viento negro (fragmento iv)

Amiga silenciosa,
Silenciosa amiga, cándido Eco,
tómame las manos, doblega mi cabeza,
apaga el latido frenético de mi sangre,
amiga silenciosa,
porque ahora estoy triste como los barrancos
en el crepúsculo,
porque ahora el tiempo sobre mis hombros pesa
y negras cadenas nocturnas
a los pilares de subterránea noche me encadenan.

¿No oyes gemir el viento, el negro viento
detrás de las vidrieras?
Acállalo, Eco,
¡pero no te apartes de mi hervoroso miedo!

He oído su voz llena de tierra, llena
de amargas sales de viaje,
llena de silencios entrecortados. De sombras. De soledades.
Sus pasos eran rúbricas misteriosas en la arena,
Y yo sabía que venían a mi corazón!

Me tenderé en la arena de los cementerios,
en el playón de plata de la muerte,
para sentir que resbalan sobre mí los pasos
de sus palabras.

Me llenaré del rumor de sus palabras,
de su eco,
y pasaré junto a la noche como un vendedor de cántaros,
temeroso de que en las paredes de la noche se destrocen.

He oído su voz llena de tierra,
desenterrada y triste, mineral,
que de remotos países habla,
que a desconocidos fantasmas invoca,
que a mortuorios viajes invita.

En la memoria del aire
su voz reconstruye sus cúpulas y sus arcos,
pura y nítida ya, sin residuo humano,
ya sangre de cristal, suspiro casi, no gemido,
pura y nítida ya.

No me digas nada, amiga silenciosa, silenciosa Eco,
para que sólo escuche, contra tu silencio,
la voz perdida, incólume;
su acento que gotea tiernas mieles azules
en las bandejas de luz del día,
su voz grabada en los nocturnos discos del sueño.
irrecuperada.



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Poema Viento negro (fragmento iv) - César Brañas