Unas que llaman

La poesía ahora mismito está levantada.

Como los brazos de siete mujeres que ondean sus llamamientos.
En realidad son ocho las que llaman/ pero tú sólo levantas tus párpados/
Y es lo terso que cabalga sobre tus dunas lo que me llama.

Cada día de la semana es asignada a una de las mujeres llamadoras/
Pero a ti no tenía donde ponerte/ hasta que te apoderaste de las noches
Y los sueños/ que te los ocupabas toditos.

Cuando sacudes la poesía, me caen unos colibríes en almíbar/
Dos ojos negros con niñitas con sus vestiditos blancos/
Y una libélula encarnada.

También caen algunas hojas que se ríen de mis embelesos.

Y cómo no van a caer cosas así con los tremendos zarandeos
Que le das a la pobre poesía cada vez que vienes
Y quieres mamar de ella como cachorrita.

A la poesía también le gusta viajar.
El otro día alistó su maletita y me miró con unos ojitos pidiendo un aventón/
No tuve más remedio que hacerle un sitio en el carromato
Que llevaba viajantes hoscos al trabajo.

Ojalá no se le ocurra trabajar también. La poesía es así/
Se le ocurre cada cosa/ y en los momentos más inusitados/ como cuando le viene su necesidad/
Y te dice “amigo, quiero hacer pis” y hay que ver
Dónde encuentra uno el lugar adecuado para que haga sus urgencias.

El otro día pasó un hipopótamo cuando bostezaba la poesía.
Los hipopótamos son así/ pasan nomás sobre el corazón de los poetas/
Y ellos tiene que hacerles sitio en algún verso.

Tú en cambio, desciendes siempre en todos mis versos
Que forman el archipiélago de fantasías en el mar de la cordura.
Porqué será que este mar es tan calmo que uno tiene que estarle
Soplando tormentitas para que se digne agitarse un poco.

Se parece a la señora razón/ que le gusta la jurisprudencia/, es decir
Le gusta vestirse de prudencia emperifollada con algún prefijo.

Así llamas tú y la poesía/ y yo, pobrecito, tengo que seguiros/
Si no la señora razón se puede quedar en cueros
Y es deber de todo caballero evitar que eso suceda.


Poema Unas que llaman - Alberto Hermoza