Tertulia a tu blasÓn (x)

Para Sergio Bernardo
Hijo
Cuando al orbe
Eche a andar tu cause
Y zarpes de éste oasis:
-Espigones de espíritu y de fuego-,
Vehemente raciocinio
que esculpí en tu sino:
¡Sé ante todo libre!
Ignora todo código
Que pretenda anclarte
A la pequeñez de nadie.
Encuentra aún, gentil,
En el río sutil de las desesperanzas
La aurora de tu paz
y siempre tus verdades.
(El temple de la roca es inmortal
hasta que el hombre-genio
modela sus estirpes)

Objeta siempre el cause
de los discretos pasos
Y la ineptitud eterna
de los susurros cautos.
Esgrime las palabras
Con la Cruz de frente;
El dogma y el ritual
Son sólo circunstancias:
¡La arena del océano!…
Encuentra tu solaz
sobre el pupitre
Del profundo quehacer de los sentidos
Y heredarás un tiempo
De cobijar banderas.
Registra el agrio cálculo
recordando siempre
Que a pesar del axioma
– teorema del sofisma –
Habrá perpetuo trigo
espigando sus dones
Y habrá niños bebiendo
La eternidad de un pecho.
Y cuando el sordo pan
se transmigre en misterio
Para las muchedumbres
Y para algunos sea
tal vez un simple acaso
superficial y absurdo,
Agradece varón
por ser un convidado
¡en la rústica mesa de los desamparados!.
Habita el hombre-artífice
– mansiones sin frontera –
– agreste sucesión de signos interiores –
Y tu siembra traerá
El fruto sempiterno
De la palabra plena.
Cuando el tarot del triunfo
pretenda interrogarte,
Pesca la cábala en tus redes
Y séllala en la Biblia
del labrar sencillo.

Huye de los límites
absurdos, insaciables;
Tal vez fue el pecado
capital del hombre
Poner límite a su pan y sus alforjas.
Atrapa los designios
En las arias del viento
Que nunca es igual
ni siquiera a sí mismo
Ni marca el mismo día en ningún calendario.
Y cuando el tiempo sea
Apenas un arpegio
De vientres en potencia,
Reclama de las vides:
la vida,
el canto frágil,
El paso substancial,
¡La alianza de los brazos!…
Aclama el silabario
de la letra estricta
Y estalla tu crucial envergadura
En el mar de algún canto
que justifique el hombre.
Y cuando al final del tiempo
Encuentres el Grial,
la vera del ideal:
¡Ninguna melodía
habrá de sofrenar
tus voces interiores!…


Poema Tertulia a tu blasÓn (x) - Edmundo Torrejón Jurado