La fama que mil ojos trae contino,
y el tiempo cuyo vuelo no reposa,
perdieron curso, y vista, y pluma honrosa,
en una enfermedad que a ambos les vino.
A remediarse fueron al divino
Apolo, el cual con lengua generosa
les dijo: Medicina más preciosa
sin advertir se os queda en el camino.
Decilde a Soto que el licor suave
que por Medoro Angélica vertía
él mismo os administre, y seréis sanos.
Hiciéronlo, y él hizo lo que sabe,
y cada cual cobró más gallardía,
más ojos, plumas, lenguas, curso y manos.