Siete gozos de amor

Ante las puertas del templo
Do recibe el sacrificio
Amor, en cuyo servicio
Noches y días contemplo,
De tu caridad demando
Obedescida, Señor,
Aquesta ciego amador,
El qual te dirá cantando,
Si d[e]él te mueve dolor,
Los siete gozos d[e]amor.

Primer gozo

El primer gozo se cante:
Causar la primera vista,
Que la señora bien quista
Comiença se del amante,
Quando a la ley verdadera
Fe muestra de bien amar,
Le plaze de se tornar
Ciego de ombre que era
Ha creer y afirmar
O morir o defensar.

Yo sólo dirán que fue
El ciego contemplador
Que cegó tu resplandor
La ora que te miré.

El sol no pudo causar
Con toda su claridad
Lo que tu sola beldad;
Mas no es de maravillar;
¡O si tanta o la meitad
Fuesse la tu piedad!

De moverte a compasión
No te deves retraer
Yo ver bien y conoscer,
Aunque ciego, mi passión.

La pena del pensamiento
Y deseo no cumplido
Aunque el sentido he perdido,
Con doble sentido siento:
Quanto más mi muerte pido,
Se dobla más mi sentido.

Segundo gozo

El primer gozo fenesce
Sin fenescer dessear:
El segundo es de cantar,
La contra de él no fallesce.

El qual, según la fe nuestra,
En que soy el más costante,
Es aquel primer semblante
Que la señora demuestra
Al siervo dende adelante.

Solo yo, triste, diré
Deste plazer no gozando,
Que nuestra ley, más amando
De lo que manda, passé.

Amador que tanto amasse
No digan que ser pudiesse;
Yo sólo dirán que fuesse
Aquel que la ley passasse
De amar y amor venciesse.

En boz más triste que leda
El segundo ya canté;
Si de él por ti no gozé,
Por falta de amor no queda.

El que ha de aver victoria,
Sin tu bondad ofender
En amar yo he de ser
De quantos posseen la gloria
O passar o fenescer.

Tercer gozo

El tercero gozo es
El amante ser oido,
Recontando
Los trabajos que después
De su vista le an venido,
Deseando.

El qual tiene por sentir,
Quien hasta aquí,
El huego do suele arder
Quiso a todo encobrir,
Y más a ti,
Por más gloria merescer.

Si fue de mí ofendido
Amor y sus servidores
Algún día,
Fue por no ser entendido
Que en bivo fuego de amores
Yo ardía,
Ni tu merced entendiese
La tal flama
Yo sentir y padescer,
Con temor que no ardiesse
La tu fama
Por causa de me valer.

Lo que el seso resistiendo,
Tú ni otro pudo oir
Jamás de mí,
Ya biva muerte muriendo,
Con desseo de morir,
Te descobrí;

Como el que es puesto a tormento,
Que por fuerça
Su mal viene a confesar
Y tornando al sentimiento,
Más se esfuerça,
De lo encobrir o negar.

Quarto gozo

El canto va fenesciendo
Del tercero
Mas no plañir y llorar,
Menos caridad sintiendo
Que primero,
Del quarto gozo a tractar.

El qual es, pues que dezir
Mees forçado,
Donde el fuego concebí
Discreta señora serví
En estado
Y virtud mayor de sí.

El primero movimiento
Al segundo
Nunca pudo contrastar,
Avido conoscimiento
En el mundo
Tú ser la más singular.

Conoscan ser tu loança
Más devida
Las altas de gran poder,
Pues la bien aventurança
De esta vida
Es virtudes posseer.

Como sea manifiesto
Tú vencer
Las virtudes en bondad
Por ventura desonesto
Mi querer
Juzgará tu voluntad;

Mas porque veas el fin
Desseando
De virtud no desviar,
Mi mote del seraphín
Inflamado
Te plega de blasonar.

Quinto gozo

El quarto gozo finando
Sin fin aver mis cuidados,
Mas siempre multiplicando,
El quinto ya discordando,
Mis sentidos trabajados
En sus males contemplando,
Es poder en la señora
El servidor entender
Sus servicios qualquier ora,
Ofresciéndole plazer.

Pues mi servicio no vees
Contrastar a las virtudes
Manifiestas que posees,
Ni demanda, según crees,
Que tu buen deseo mudes,
Ni lo contrario desees,
No te sea cosa fuerte
En grado lo recibir
De quien piedad o muerte
No cesa de te pedir.

Si la tu gran discrección,
Una virtud posseyendo,
Ya posee quantas son,
Sin aver contradición,
Una sola fallesciendo,
Y las otras por tal son
Para ser más virtuosa
Gloria que tanto deseas,
Conviene que piadosa
Contra mí, forçado, seas.

Sesto gozo

Del quinto me despidiendo,
Sin dar fin al triste canto,
El sesto en voz de planto
Por orden vo prosiguiendo.
El qual es, si la tardança
Por tí cessa,
De largo me ofrescer
La verdadera esperança
O promessa
Del deseado plazer.

Quantos aman atendiendo
Desaman desesperando,
Y yo menos esperando,
Más en el fuego m[e]enciendo.
La voluntad no movible,
Desseosa,
¿quién la puede constreñir?

Quando a Dios es imposible
La tal cosa,
Yo no puedo resistir.

Esperança y desseo
Son en tan gran división
Que según la perfectión
De la tu bondad, yo creo,
Aunque Dios te perdonasse,
Y la gente
No lo pudiese creer,
Que tu merced no pecasse,
Solamente
Por tu virtud mantener.

Seteno gozo

Del sesto me delibrando,
Sin poder mi gran firmeza
La sobra de tu crueza
Vencer, mas acrescentando,
El final gozo nombrado,
Solo fin de mis dolores,
Es amar y ser amado
El amante en igual grado,
Que es la gloria de amadores.

Pues la obra de caridad
Es amar al enemigo,
Conviene que al amigo
Ames de necesidad.
Si voluntad no consiente,
Virtud la deve forçar
Amar tu leal sirviente
En el grado trascendente
Que te ama sin mal pensar.

La muerte siento venir,
Del cuerpo no sé que hagas;
Muévante las cinco plagas,
Celos, amar y partir,
Bien amar sin atender
Amar siendo desamado,
Y desamar no poder,
Pues no te pueden mover
Los gozos que te he contado.

Cabo

Si te plaze que mis días
Yo fenezca mal logrado
Tan en breve
Plégate que con Macías
Ser meresca sepultado;
Y dezir deve
Do la sepultura sea:
Una tierra los crió,
Una muerte los levó,
Una gloria los possea.


Poema Siete gozos de amor - Juan Rodríguez del Padrón