Réquiem por un poeta

Tú que vas por el mundo en la hora del sueño.
Marchas con alegría. Saludas con una flor
Iluminada por tu sonrisa de niño malo.
Tú que hablas con los vagabundos. Haces Poemas.
Das de beber al sediento en las noches difíciles.
Tú que deseas congraciarte con la humanidad. Repites
Homo hominis lupus y sin embargo nada tienes.
Por el camino vas dejando todo. Tiemblas de frío.
Ves en el amigo la mejor estrella.
Compartes la camisa. Te das en la poesía.
Te queda sucio el cuerpo, el polvo de la luz;
Lees orlando fresedo en las páginas literarias
Pero por dentro te nacen ríos entre lirios.
Y descubres el oficio de ser hombre.

Sé que resulta difícil ganar el pan de cada día
(dánoslo hoy perdónanos). Y peleas con los perros;
Pero alzas los brazos en dirección al aire
Hacia donde palomas en bandadas
Miran con sus ojillos de encendidas luciérnagas.
Y tú las miras también, en la hora del cazador.
Y tú las miras en la hora que nos roban el corazón.

No hay alternativa. Robas el pan al llanto, ¡ladronzuelo!
Es la palabra de siempre. Luego, el himno de batalla;
Miradme no me queda nada salvo salvo mi fama de bandido,
Y mi piel cantadora, alma mía, alma mía el día que me olvides.
Lavas el aire con tu rostro de agua fresca.
Cuando eres el primer perfume de la madrugada.
Cuando eres malherido constante. Figura malherida.
Copa de luz enferma. Incomprendido por el puñal de la noche.
Así te mueres, la suciedad del tiempo
Cae sobre tus formas de poeta.
Temes al soplo de la soledad. No sabes
Adónde ir. No sabes si naces para el vuelo
Y hay que robar el pájaro cautivo. Por eso
Cuando llueve sobre la hierba, cuando los clarineros
Dibujan el perfil de la mañana, cuando las cigarras
Entonan la misa de los desaparecidos,
Hacen tu vaso limpio y los ojos que velan.

A veces eres piedra mojada por la niebla del vino.
Inaccesible bondad o ángel de la guarda
Que no sabe a quién cuidar. Y entonces caminas.
Buscas la soledad en el sueño de viajero sin alas.

Y allá lejos, nos disputamos con nuestros propios deseos
La espina de pescado… pero no, el caro sorbo de agua,
El duro pan, el encierro.
Igual nos saludamos con el mismo sombrero.

Despiertas en las calles
Con ramos de flores ¡buenos días! Y saltan
Las estrellas humedecidas por la noche.
Tus pies navegan en octubre. Navío de otoño.
Mar tocado por el oro de las hojas agónicas.
Mientras un ciervo besa la mano de los niños
Y la bondad es como la fruta roja del bosque.
Así vas niño loco. Tirapiedras querido.
Niño sin memoria. Ángel castigado por Dios.
Niño de las golondrinas. Caja de musicalidad.
Elevador de lunas, santo de los diez centavos.
Misa de ron. Poeta en las alas de la madrugada. Niño loco
Entre hojas de eucaliptos. Hermano de los miserables.

Tú que vas por el mundo en la hora del sueño
Por esas calles de san salvador bañadas por la luna llena.
Das pasos de niño, de vuelo recién inaugurado,
Cuando la noche es oscura, el corazón es temeroso
Y mañana será otro día.


Poema Réquiem por un poeta - Manlio Argueta