El nacer del poeta

Una noche, lejos del recuerdo, sé que abrí mis ojos de niño.
Una noche, ¡cántaro de olvido!, sé que le arranqué
el velo a la imagen.
En aquella vigilia, horrorizado,
un abismo se tendió a mis pies.
Un vacío fugaz y pérfido; rostro inaudito que engullía
mas allá de aquel cuarto,
mas allá de aquel estío,
mucho mas allá…
Intuyo: mis manos de niño habrían de hundirse en el fango.
Intuyo: mi alma de hombre nuevo habría de agazaparse en un rincón.
Pero no lo recuerdo.
En vano afán ansío aquellos añicos disueltos
en mi memoria. En vano.
Bajo el cielo azul y esta tremenda soledad,
brusco, me abriría el pecho
si pudiera evocar aquella noche, y sentirla, y llorarla;
aquella noche, cuando por vez primera
el miedo brutal crispó la fantasía;
aquella noche, cuando, impío y descarado,
Dios desgarró mis ensueños absolutos.
Y abrí los ojos. Una noche larga y embustera
abrí los ojos.
Mis cándidas pupilas
se mojaron de un llanto quieto,
como añicos de cristal.
La vigilia me supo amarga,
y todo lo que se llamaba ensueño,
ya nunca lo fue del todo.
Allí habría de nacer mi poeta,
la sombra bastarda que me corre en las ciudades,
el susurro perpetuo que acuchilla mis oídos.
Allí, entonces, habría de nacer dentro de mí otra alma,
austera y delicada al dormitar,
pero que al romper su sueño
se eleva piadosa a las alturas
y le tiende su mano a Dios.


Poema El nacer del poeta - Matias Lucadamo