Mayo se detuvo en los coloridos paraguas que los
Transeúntes abrieron en la lluvia del atardecer
Pero ella continuó con su brisa de ausencia
Perdida entre las desplomadas aguas del cilelo
En medio de las siluetas cortadas por el parabrisas,
Con sus húmedos pasos de adiós
Parpadeando en mi cara como relámpagos espantados,
Como agujas clavadas en el museo del atardecer
Donde los paraguas exhiben el arco fúnebre de la fuga,
El iris marchito
Del ocaso.