Para una señora grave

¿Cómo, di, bella Amari, tu cuidado
Estimas en tan poco, que, olvidada,
De quien con tanto amor eres amada,
Te empleas en el rústico ganado?

¿Háte la vana ocupación comprado?
¿qué nigromántica arte embelesada
Te trae, y de tu bien tan trascordada?
¡Ay, alevosa fe! ¡ay, pecho helado!

Vuelve, Amari; repara que perdiendo
Vas de amor el camino; digo, atajo.
Y ese que llevas, ancho y deleitoso,

Suele mañosamente ir encubriendo
Entre las florecillas, y debajo
De verde hierba, el paso peligroso.



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Poema Para una señora grave - Luisa De Carvajal y Mendoza