Oda de amor

Quem se embarca no meu peito,
que linda mare que tem!
(Anónimo)

Si alguien se pudiera detener a oír el viento mojado del Sur
cuando llega ciego para ponerme a silbar con vehemencia
por sobre el cueello de los álamos,
a rodear la luz de solitaria arena,
a mover la enorme cola de tabaco del río,
a desviar mi rostro que sólo mira su boca en el desierto,
sabría como comienza el Otoño en el Sur.

-Aquellos días que disfruté tranquilo,
en que mi voz buscaba lo más umbroso
de su cabello
para humedecerlo de una larga embriaguez,
de rocío estrecho, desbordado
de amanecer dentro de la noche-.

Quisiera descubrir un árbol donde ninguno haya encontrado sombra
para descansar esta muerte que me sobra,
hoy que no tengo ganas de mirarle la cara a nadie;
hoy que el cielo no es cielo sino horizonte,
donde estoy dejando de mis ojos otro día
para que lo deshaga el fuego.

Ya no me queda una sola palabra dulce, un beso,
ni el aire para distraerme.
No. Dónde se ha de perder esta sed, esta espiga,
la piel maldita de mi voz
ahuyentada por las moscas.

Lo que fué se habrá caído de su cuello,
perdido: cuando me di vuelta ya estaba muerto;
no me conocí la lengua ni los labios y el aliento me salía por toda la cara,
como quien deja una casa deshabitada en despedida.

No sabré nunca más cómo es, si su boca es dulce o fría,
si sus ojos miran otra vida, si la respiración le brota continuada;
si todavía no se le han consumido mis besos en sus manos. Si otro río
le lava la cara,
como un perro, arrastrando la sombra tiernísima de mis venas,
mi vergonzoso infierno
de ternura.

Su voz que nacía apretada, casi seca de andar
de dentro, soñando, terrible de estar sola,
más suave que el aire he de sentirla entre las desgarradas ondas
de mi cabello, ay, por numerosas velas.

Nadie podrá confundirme ya, ni nadie llegar a mí, porque estará
mi sangre obscurecida por la tierra.


Poema Oda de amor - Ricardo E. Molinari