Mutilaciones

En el Talón de Aquiles podían clavarse las flechas enemigas, los
dardos y calumnias con que provee la inquina. Van Gogh mutiló su
oreja y nadie sabe si fue en el altercado con Gaugin una tarde de
hambruna y perros flacos. O si era una manera de decir: no se
requiere de la oreja para mirar un desquiciado girasol.
La pierna de Mariátegui no le impidió caminar hacia el futuro. De
Cervantes, la mano, a un tiempo sostenía la adarga y el lanzón,
ilusiones del hombre en la batalla. De Díaz Mirón era el brazo
enfurecido que manoteaba hacia el orto para alcanzar desnudo sus
reflejos de plomo. El de Orozco quería pintar incendios, el de Jesús
F. Contreras esculpía ese sueño malgré tout.


Poema Mutilaciones - Eduardo Langagne