México (el indio)

I

Todavía más fino, más fino,
casi desvaneciéndose de pura transparencia,
de pura delgadez como el aire del Valle.

Es como el aire.

De pronto, suena a hojas,
suena a seco silencio, a terrible protesta de árboles,
de ramas que prevén los aguaceros.

Es como los aguaceros.

Se apaga como ojo de lagarto que sueña,
garra dulce de tigre que se volviera hoja,
lumbre débil de fósforo al abrirse una puerta.

Es como lumbre.

Lava antigua volcánica rodando,
color de hoyo con ramas que se queman,
tierra impasible al temblor de la tierra.

Es como tierra.

II

Como tierra de cactus y magueyes,
de órganos que edifican verdes templos
con bóvedas de aire, con techumbres
limpísimas de aire, sol y agua.

Los caminos se cansan, se desploman
de tanta hundida huella de guarache.
Kilómetros y leguas, derrotados,
abandonan las largas lejanías.

Se sabe, se comprueba que no eres
esa curva monótona y sin músculo
que por los anchos muros oficiales
Diego Rivera ofrece a los turistas.

Contra el gringo que compra en tu retrato
tu parada belleza ya en escombros,
prepara tu fusil. No te resignes
a ser postal de un álbum sin objeto.

Que no eres sólo el tema de una estrofa,
ni el color complemento del paisaje,
ni ese perro furioso que se tumba,
dócil, después de herir, al pie del amo.

Eres México antiguo, horror de cumbres
que se asombran batidas por pirámides,
trueno oscuro de selvas observadas
por cien mil ojos lentos de serpientes.

Contra los gachupines que alambican
residuos coloniales por tus venas,
prepara tu fusil. Tú eres el indio
poblador de la sangre del criollo.

Si él y tú sois ya México, ninguno
duerma, trabaje, llore y se despierte
sin saber que una mano lo estrangula,
dividiendo su tierra en dos mitades.


1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (1 votes, average: 5.00 out of 5)

Poema México (el indio) - Rafael Alberti