Memorias de infancia

Sucede que a veces
Ella tiene un ángel seco para adorar a la tristeza:
La veo infinita,
Enamorando cedros para sus ojos de pájaro
Y acunando trigales en sus cabellos.
Sucede que a veces
Ella despierta los ecos
Y les hace parir voces melancólicas:
Abren sus alas de viento
Y se alimentan del surco de arena que se dilata por sus labios.
Y puedo verte,
En las noches tapizadas de luciérnagas,
Mientras endulzas
Sombras de duendes y castillos encantados:
Ahora merodeo como un gigante,
Sobrado de cenizos cielos,
Siendo infante que devora pedacitos de recuerdo.
Sucede Madre
Que ahora tengo las manos llenas
De este sabor a niebla que va oxidando tu arcilla,
Y así, detrás del agua que apaga tu sonrisa,
Del tiempo urbanizado por los recuerdos,
Hay tantos rocíos que bañan la ausencia,
Tantas caricias mimadas por la nostalgia, y tantas cosas,
Que el recuerdo de una sonrisa tuya
Basta para no olvidarlas.


Poema Memorias de infancia - Claudia Meyer