El requiebro
La rosa que al alba
Ofreciendo está
Sus gratas esencias,
Su tez virginal;
La fruta sabrosa
Que empieza a pintar
Con vivos matices
El fresco peral;
La concha que engendra
En el verde mar,
Envuelta entre nácar
La perla oriental;
La gloria del prado
De olor sin igual,
Perfume del aire
La flor de azahar,
A ti feudo humilde
Deben tributar,
Pues todo lo vences
En gracia y beldad.