La noche ciega al corazón que canta

I
Fue ayer… Aquí la patria se extendía.
El ciervo era una sílaba flexible,
Y la brisa un arcángel invisible
Que inundaba la selva de armonía.
Aquí el tambor del río amanecía
Tembloroso de espuma insumergible.
Aquí la patria indígena, invencible,
Exaltada en la antigua chirimía.
Ayer las aves, el boscaje, el agua.
Ayer la lenta y musical piragua.
Sobre la piel delgada de los ríos…
Ayer la patria virginal, sencilla,
Palpitando de amor en la semilla,
Se entregaba temblando en los bohíos.

II
Hoy sólo el polvo, la llovizna, el río;
La espuma transeúnte y rumorosa.
Sólo el viento, la tierra vaporosa;
El paisaje, la yerba y el rocío.
La piedra, el musgo, el hondo caserío
Donde la tarde baja temblorosa.
Y los árboles húmedos, la rosa,
El alba y el libérrimo bohío.
Sólo el milpal, la espiga casta, el viento.
¿Dónde está el aborigen irredento
que surgió desde el surco a la simiente?
¿Dónde está, hermano, dímelo, la altiva
patria arrogante, núbil, primitiva,
que hoy dobla la serviz humildemente?


Poema La noche ciega al corazón que canta - Roberto Armijo