La fragua

Primero fue un rincón humilde y frío
Donde alguien, con amor, inició un fuego,
Una llama dejada para luego
Prendida en el fogón de mi vacío.
Mi infancia fue un período de plomo
Donde secretamente cobró forma
Cada voz, cada signo y cada norma
De mi mundo interior, sin saber cómo.
Por una maravilla de la lumbre
Llegué a mi adolescencia – flor de cobre –
Transmutado en el niño bueno y pobre
Que apuntaba hacia el cielo por costumbre.
Crecí en bronce. La alquimia requerida
Me dio una voz metálica y sonora
-aleación de palabras – con que ahora
A golpes de hondo amor forjo mi vida.
Mi Dios me fragua en forma de campana,
En bronce me pronuncio y mi destino
Es tañer a lo largo del camino
Para anunciar la luz de la mañana.
Soy a un tiempo badajo y campanero;
Metálica es mi cruz predestinada
Que cada ineludible alborada
Me invita a ser un eco del sendero.
Primero fue un rincón. Hoy late un río
De fuego por mis venas minerales
Que cuaja un universo de cristales:
Los versos con que pinto el mundo mío.
Y al oro voy. Divinizando sigo
Esta burda aleación de hombre y Dios.
Cuando llegue a fundir – por fin – los dos,
Me consideraré mi propio amigo.


Poema La fragua - Jorge Antonio Dore