Andábamos, monte arriba,
bañados de luna… Tú
me diste – Blanca, ¿te acuerdas?-
un ramo de almoraduj.
¡Qué pálida era tu mano
mate en la sombra azul!
¡Como miraban tus ojos!
¡Oh! ¡Cómo estabas…!
La luz
de la luna iba nevando
por los montes negros sus
tristezas de lirios blancos,
no tan blancos como tú…
¡Blanca, Blanca! Tú me abriste
la flor de tu juventud,
bien sé que por mi habrías
clavado a Cristo en la cruz;
bien sé que me dabas todo,
tu vida, tu muerte, tu…
Bien sé que por mí te hubieras
tendido en un ataúd…
…Blanca, quién pudiera darte
todo el corazón en un
rayo de luna, en un ramo
fragrante de almoraduj…