Hyphessobrycon flammeus

Nadie sabe de dónde Dios le vino ese color tan raro

Que iluminaba siempre sus pestañas

Y le daba a su rostro una viveza inusitada y limpia.

Corría, giraba, se enroscaba en las olas,

Se golpeaba contra los muros,

Y todos los días,

Con aquella constancia imperturbable y férrea

Que le caracterizaba, deshojaba gorgonias,

Lloraba entre las conchas,

Y preguntaba a los demás me quieres, no me quieres.

Luego se sumergía con fuertes coletazos

Cuando yo me acercaba – poco a poco –

A acariciar su lomo atormentado.


Poema Hyphessobrycon flammeus - Elsa López