Hablando con su dama ya difunta
Cobróte el cielo en tu primer mañana,
humana flor, no muerta, interrumpida,
en fe de que viviste aquí ofendida
ese instante no más que fuiste humana.
¡Que temprano quedó tu nieve en grana
de las iras del viento sacudida!
¡Que tarde a mi esperanza con tu vida
has enseñado a escarmentar de vana!
Si es que a la patria de la luz que pisas
ruego mortal de amante voz alcanza,
en merito de amar lo que no veo,
si tu poder en tu piedad avisas,
pues sabe que moriste mi esperanza,
haz que sepa que faltas mi deseo.