Ya sin dolores, sin recuerdos, sin nada.
Ir en paz, ebrio, abriendo otros caminos.
Ya con quietud, sin esperar la alegría;
Ya por encima del asombro, la levadura y la arcilla
Llega la hora y la bóveda de todos los impulsos,
Llega a su fin el combate contra las montañas.
Ya sin la posibilidad de segar fantasías,
Ya despojado de todas las nostalgias y poseso de olvidos,
Uno puede emprender la libertad del viento
Con la plena conciencia de verse ante los espejos.
Ya asida la tierra por los poros, no hay desamparos,
Ni teorías que transgredan las ventanas.
Heráclito* sangra a estas horas junto al otoño.