EstÁtica

Algunas veces ella quiere quedarse quieta, en su cama, arrancarse los
oídos y los ojos. Su perro, echado al pie de la cama, la intuye, sabe
que si la deja inmóvil se puede deshacer como el polvillo de los grillos
muertos.

Le ladra, tira las sábanas, lame sus manos colgadas, inertes casi. Sube
al lecho, relame la cara, las orejas; le llora, rastrilla la cabeza con
sus patas suplicantes.

Ella, reacomoda la audición y la mirada. ¿Cómo desairar al resucitador,
con qué desacato? Hay tantas formas de ser Dios, de sanar las tristezas
con saliva, hocico de perro terco que sabe de muertes emocionales,
desganos de andar.

Se incorpora, lágrimas amorosas la visten… ¿Qué otra inducción puede
acrecentar bendiciones y agradecimientos?


Poema EstÁtica - María Luisa Lázaro