En el fondo del mar hay un potrero

En el fondo del mar hay un portero.
La corriente, como el viento en los pastizales,
mueve las verdes algas.
Ahí pastan, diminutos y briosos,
mil caballitos de mar.

– Un día quise tener uno – dice Juan.

Oculto tras una piedra, esperé el paso de la manada.
Al oír el trote de sus patas en la corriente
lancé mis redes.

Atrapé al más pequeño. Daba tirones en las cuerdas,
pero no pudo escapar.

Le acariciaba el lomo amarillo
en su pecera de vidrio.
El me cerraba un ojo
y llenaba de burbujas la superficie.

Nos hicimos muy amigos mi caballito y yo.

Los turistas venían a verlo,
– te ofrezco un dólar por él.

Pero nada valía tanto como su cola,
sus ojos con la dulzura de la Amistad,
su trompa de flautista.

Tiempo después lo devolví a sus pastizales.

Ahora tiene la crin plateada
Y relincha entre las algas.


Poema En el fondo del mar hay un potrero - Rodolfo Dada