Sé de un sitio donde podemos comenzar sobre caminos viejos.
Donde el viento aún se desprende hacia otros vientos.
Y restos de cenizas nos son dados
como un rastro que sólo puede conducir a la humildad.
Donde la risa ha inventado los harapos.
Y ágil el dolor gana memoria.
Donde hacemos nuestro abrazo como luz: tibiando la humedad,
formando sombras.
Y donde nadie se desnuda sin esperanzas.
Sé de un sitio en el que alrededor de la fe,
la desesperación abre sus tiendas.
Donde aún todo reposa con temor a perderse.
Y donde nadie olvida
que el tiempo es una caravana de gitanos
que mueven sus panderetas
aunque el sol, allí arriba, arda como una brújula en la mano.