El ángel exterminador

Tan sencillo es matar, pues es el mundo frágil
como un vaso de vidrio. Diligentes tijeras
o sables alfileres apenas se precisan:
pujante y obstinada derramará la sangre
su estipendio.
Tan sencillo es matar, decapitar libélulas,
traspasar inmóviles pupilas
de insectos silenciosos y, una vez alcanzada
la paloma, esparcir sus vestidos,
vitral tenue del ala desgarrado
por acequias veloces.
Sacudir un rosal hasta desvanecerlo,
incendiar madrigueras, e incluso procurar
en pretil erizado de amenazante ámbar,
apoyando la mano enloquecida,
que viertan los geranios púrpura tinta ardiente.
Felicidad no existe, sino momento extremo,
sacudida voraz, dolor introducido, muerte acaso,
mientras gozoso tiemblas
y solamente un niño es tan voluptuoso
que jamás se sonríe cuando entregado al juego
no cree que lo vigilan.
Muchacho despiadado cuanto más inocente,
adivino en tus ojos desmesurados crímenes
que aún te desconoces.
Pero yo, con infantiles dedos,
de la amarilla carpa o el salmón sonrosado
sostuve la agonía lejos de los estanques.
Por eso sé, y espero y te exijo si no,
pueda yo estremecerme, hasta que pueda morir
que no me has de soltar antes de que sucumba.


Poema El ángel exterminador - Ana Rossetti