Otro domingo asiste a mi locura. No espero nada nuevo, la rutina
estará agazapada en cada esquina aguardando brotar de la
espesura. Todo el domingo tiene la amargura del tedio irracional y
desvirtuado que proviene de un siglo ya pasado y no es un nuevo
invento en el presente. Parece que el que espera ya no siente,
porque el domingo está viejo y cansado.