Casa sola viii

Cuando por fin hablamos ya era tarde.

Tu presencia – no obstante – se repite

Y se queda flotando cada noche en el aire,

Como un pez en el agua – de ojos negros.

El deseo se pierde

-lento, y oscuro, y en penumbra –

Como un fuego encendido

-sordo, pequeño y lento-,

Como una casa sola en el fondo de un valle.

El deseo de verte

-triste y casi olvidado –

Se pierde como en sombras,

Pero luego vuelve.


Poema Casa sola viii - Antonio Fernández Lera